Anécdotas del sector inmobiliario

Ayer, a través del portal inmobiliario Idealista, contacté con una tal “Señora Carmen” para visitar un inmueble en la Calle Arturo Soria y estudiar la posibilidad de alquilarlo. Os posteo el surrealista episodio que me ocurrió en dicha visita, más errores es difícil cometer para tratar de cerrar un negocio.

Con suerte y paciencia encontré el portal ya que no recibí indicación telefónica alguna por su parte para llegar hasta allí. Hay que aclarar que la entrada a la comunidad no estaba situada exactamente en la calle Arturo Soria y había que acceder a la finca por otra calle con la que hacía esquina.

Una vez llegué al portal, la “Señora Carmen” no se identificó, ni me aportó ningún dato sobre ella ni sobre el inmueble. Aun a esta hora desconozco si realmente era la propietaria o trabajaba para una agencia inmobiliaria. Acabo de mirar en Idealista y pone “freelance asesora inmobiliaria” junto a su teléfono móvil.
La “Señora Carmen” me recibió sin tenderme la mano y sin saludar. Para que os hagáis una imagen más cercana de esta mujer hay que decir que físicamente guardaba cierto parecido con su tocaya Carmen Lomana.  Como iba diciendo, la “Señora Carmen” poco después de “saludarme” inició una discusión acalorada por teléfono móvil, una muestra de una falta de educación y de respeto absoluta. Cuando terminó de despachar la llamada, me ofreció entrar a ver el piso.
Primero me quiso meter por la puerta del garaje en lugar de acceder por la puerta principal. Como no encontró la llave fruto de los nervios terminamos entrando por la puerta principal.
Según entramos en la comunidad me indicó que aquello era una “finca de categoría”. En esto si llevaba razón, la finca tenía toda la categoría que le faltaba a esta señora.
Posteriormente subimos a ver el piso. Al salir del ascensor, os prometo que metió la llave en tres cerraduras de tres pisos diferentes. !No sabía que piso estaba alquilando!. Tuvo que salir hasta un vecino de su casa asustado al escuchar como forzaban su cerradura, se saludaron y no hubo mayores complicaciones. Por fin encontró la puerta del inmueble que alquilaba.
El piso era pequeñito 48m2 con una gran terraza y unas vistas magníficas. Estaba en un estado de conservación aceptable y tenía aire acondicionado, aunque en ningún momento salió de ella el comentármelo.
La parte negativa del piso, aparte de la “supuesta” casera que tendríamos es que la cocina era muy chiquita, con un frigorífico de medio metro y con la lavadora en el cuarto de baño. Por otra parte, el dormitorio estaba aun con algunas pertenencias del anterior inquilino, todo un detalle por su parte el presentar el piso en estas condiciones.
Al preguntarle por el precio de alquiler, me contestó que eran 800€, traté entonces de iniciar una negociación argumentando que como profesional del sector inmobiliario estimaba que el precio de alquiler estaba un poco inflado. En ese momento, indignada, me indicó la puerta de la salida sin mediar palabra. Me despidió argumentando una vez más que aquello era una finca señorial. ¿Me vería sin la categoría necesaria para tenerme de vecino?.